3
Shadow Hunters
Después de mucho insistir para que fuera con él al Instituto, Lucía acabó cediendo, pero acabando la conversación con un "si todo esto no me convence me marcharé y haré que nada de esto haya ocurrido", Alec sabía que la iban a convencer, al fin y al cabo, ella también era una cazadora de sombras, y sabía que no iban a dejar que después de ser lo que es, se marchara solo por que no está totalmente segura de que lo que él le diga es verdad. Después de que hablara con su madre ella la convencería de que lo era, o eso creía. Después de caminar un buen rato divisó el Instituto, a simple vista solo se podía ver una simple iglesia abandonada, ya que por el glamour que tenía era lo que hacía ver a los mundanos, solo hacía falta mirar a través del glamour para ver el Instituto.
-Ya hemos llegado-dijo parándose en frente de la puerta del Instituto, ella le miró como si estuviera bromeando o tomándola el pelo.
-¿Esto es ese Instituto? Si es una iglesia-pasó el dedo por la pared y se lo miró con asco-. Sucia y roñosa.
-Es glamour, intenta mirar a través de él. Para hacerlo, intenta imaginar una acción o algo que te tranquilice, que te trasmita paz interior, el Instituto lleva mucho glamour, para que no sea percibido por los mundanos y para alguien que no está acostumbrado a usarlo al principio cuesta.
-¿Tú en que piensas? Me refiero ¿en que pensabas al principio?-dijo ella mientras cerraba los ojos, se imaginó que era un libro, que como un libro cualquiera, lo único que hacía falta era pasar página para descubrir los secretos que escondía.
-Lanzamiento de cuchillos-ella rió ante el comentario, pero él lo decía en serio, alzó una ceja ya que no entendía el por qué de que le hiciera gracia que lanzar cuchillos le tranquilizara.
-Que actividad mas relajante-abrió los ojos, y al rato sonrió-. Lo veo. Esto no es una iglesia cualquiera.
-Que aguda eres-picó a la puerta, haciendo que un ruido similar a las campanas retumbara en el lugar, a los minutos la puerta se abrió, apareciendo ante ellos Isabelle, la hermana de Alec, tenía el mismo color de cabello que él y eran también bastante parecidos, Alec se dirigió a Lucía, mientras ella la miraba con la boca entre abierta, era la típica chica que a ella la habría gustado ser, alta, delgada y guapa-. Ella es Isabelle, mi hermana.
-¿Quién es?-preguntó Isabelle sin ni siquiera prestar atención a su hermano, solo miraba la miraba a ella, sorprendida, Alec no era de los chicos que llevaban chicas a casa, ella sabía la razón, él también, y Clary, pero nadie mas, "cuantas menos personas lo sepan, mejor" pensaba Alec cada vez que aquello se le pasaba por la cabeza.
-Es la chica de la que te hablé anoche.
-¿La mundana? ¿Qué hace aquí? No debería estar aquí, y lo sabes.
-No es mundana, es como nosotros, tiene la runa que nos ponen a todos cuando somos niños, tiene el don de la visión y su apellido es Herondale.
-¿Y por qué no sabías nada de esto?-entonces se dirigió a Lucía, mirándola como si la estuviese juzgando.
-No lo sé, mi abuela me contaba cosas de estas, pero eran solo cuentos de niños...
-¿Tú abuela? Eso no me lo habías dicho, ¿cómo se llama?-Alec la miró asombrado, entonces, si su abuela sabía sobre su mundo significaba que no era excepción, su abuela también debería haber sido cazadora de sombras.
-No lo sé, nunca me dijo su nombre, yo simplemente la llamaba abuela o abu, yo la preguntaba por su nombre, pero nunca me quería responder.
Se sentía incómoda con tanta pregunta, tampoco sabía que responder, y la manera que la miraba aquella tal Isabelle la incomodaba, Isabelle fue a abrir la boca para decir algo, pero una voz femenina la interrumpió.
-Isabelle, ¿quién había picado?-una figura de una mujer de una mediana edad apareció detrás de Isabelle, tenía los mismos ojos que Alec, y el mismo cabello que Isabelle, dedujo que en el pasado, habría sido clavada a Isabelle, seguramente sería su madre, por que era demasiado mayor para ser su hermana-. Hola Alec, ¿quién es ella?
-Se llama Lucía y...
-Oh, has traído visitas, podrías haber avisado, y habría hecho yo la sopa y no Isabe...-Isabelle se quejó ante su comentario y su madre hizo una mueca-. Lo siento Isabelle.
-Ella es Maryse, mi madre. Dirige el Instituto-la aclaró Alec, cuando el quitó la vista de ella, le miró de reojo, en su rostro había un par de cicatrices, pero a pesar de aquello, era el chico mas guapo que había visto en su vida. Aún se preguntaba si era real o solo un sueño.
-Pasad, no os quedéis ahí que os vais a congelar, el tiempo no está bastante bien estos últimos días.
Los dos pasaron dentro del Instituto, Lucía nunca había visto un lugar tan bello e inmenso en su vida, era impresionante, lámparas de araña cubrían el techo, y cuadros de gente desconocida para ella cubrían las paredes. Sé quedó mirando un cuadro de una tal "Imogen Herondale" sé quedó boca abierta con aquel retrato, esa mujer tenía su mismo apellido.
-¿Quién es?-preguntó Lucía a Isabelle cuando pasó cerca de ella.
-Es la Inquisidora, Imogen Herondale, está al mando de la Clave. No es muy agradable por así decirlo.
-Tiene mi mismo apellido-dijo ella en un susurro, antes de dejar de mirar aquel retrato.
-Lo sé-dijo de mal humor ella, ¿qué la pasaba? ¿por qué se comportaba de aquella forma?
Siguieron pasando corredores, mientras seguía mirando las paredes del Instituto, habían un montón de salas, era impresionante lo grande que podía llegar a ser.
-Y bueno Alec, ¿quién es ella? ¿es solo tu amiga o...
-Es una conocida-dijo rápidamente y secamente Alec. Aquello le pareció como si le clavaran dos puñales en el pecho, sabía que tampoco se conocían mucho, aquella misma noche la había salvado y solo habían hablado en la biblioteca y fuera del Instituto, pero podría no haber sido tan seco, aunque sea, su amiga. Sus mejillas se enrojecieron de la vergüenza, y escondió el rostro para que nadie se diese cuenta de ello, era bastante blanca, así que cuando se sonrojaba era fácil de percibir-. Tenemos que hablar contigo.
Después de explicarle todo lo ocurrido a Maryse, ella solo le pudo decir que no sabía en que podía ayudar, no con tan poca información, aunque si la dejó hospedarse en el Instituto, después de decirla que no hacía falta, que podía volver a casa, Maryse la dijo que no podía volver, que lo sentía, pero que debería quedarse en el Instituto, ya que podría causar problemas que volviera, y mas sabiendo todo lo que sabía en aquel momento.
-Entonces tengo que llamar a mi madre, se preocupará...-dijo con un hilo de voz mientras sacaba el móvil.
-De acuerdo, llámala, pero no le digas nada de nosotros, no sabemos si tu madre sabe de nosotros o no. Alec, acompaña a Lucía al cuarto de invitados, allí dormirá.
Alec asintió de mala gana, mientras se adelantaba unos pasos delante de Lucía y la guiaba hasta unas escaleras, poco después llegó a una puerta, él abrió la puerta y se descubrió una habitación bastante acogedora, las paredes eran de un color blanco, una cama estaba colocada apoyada a la pared, donde detrás de la cabecera de la cama había una ventana, al lado había un escritorio y después, en la otra pared un armario.
-Que bonita-dijo Lucía entrando en la habitación y quitándose la chaqueta, la dejó a un lado, encima de la cama y se giró para mirar a Alec, él la miraba, sorprendido, y ella se sorprendía cada vez mas de lo perfectos que podían llegar a ser aquel color azul de sus ojos que hacían que se perdiera en su mirada.
-No sé cual es tu concepto de bonito, es mas bien simple, cama, escritorio y armario.
-Lo suficiente, está bastante bien-se sentó en la cama y palpó la colcha-. Y la cama es cómoda.
-Ya vas relacionando conceptos, no es lo mismo que la habitación esté bien a que sea bonita.
-Hay momentos que llegas a ser de lo mas antipático, ¿sabes?
-Solo con la gente con la que quiero ser antipático.
-Guau, muchas gracias, vaya manera de hacer amigos que tienes.
-Ya me lo dicen, piensa que es todo un honor que sea antipático contigo, con poca gente me comporto así.
-Lo recordaré para toda la eternidad, mis últimas palabras serán "Alec Lightwood fue antipático conmigo, envidiadme" Mira que emocionada estoy por ese hecho-él se apoyó en el marco de la puerta y sonrió, ella se volvió a fijar en todos los tatuajes que tenía pintados a la piel, era extraño que sus padres le dejaran hacerse tantos, a él y a su hermana, y por lo visto, su madre también llevaba el cuerpo cubierto de tatuajes, ¿acaso era una costumbre de los cazadores de sombras pintarse el cuerpo de tinta?-. ¿Tus padres te dejan cubrirte todo el cuerpo de tatuajes? ¿No les parece un poco... satánico?
-No son tatuajes, son runas, cada una es dibujada con una estela, herramienta de los cazadores de sombras, y cada una nos ofrece una habilidad, algunas la fuerza, otras el don de la visión, otras por ejemplo nos hacen sanar mas rápidamente... Tú deberías hacerte, ya que eres una de nosotros.
Pensó en como quedaría su cuerpo lleno de aquellos extraños tatuajes, o runas, como él las había llamado, en él quedaban estupendamente, parecía que su cuerpo hubiera nacido para ser así, lleno de runas, y lo mismo lo parecía con su hermana y su madre, le encantaría llevar aquello en el cuerpo, como lo llevaban los demás, pero no se veía a ella misma con ello.
-¿Duele cuándo te las hacen?
-¿Quieres probar?
No hay comentarios:
Publicar un comentario